jueves, 7 de febrero de 2013

Poema: Over The Misty Mountains Cold


Presento aquí el poema completo, en su versión original en inglés y, más abajo, la traducción del mismo al castellano.


Over The Misty Mountains Cold

de John Ronald Reuel T.  


Far over the Misty Mountains cold,
To dungeons deep and caverns old,
We must away, ere break of day,
To seek our pale enchanted gold.

The dwarves of yore made mighty spells,
While hammers fell like ringing bells,
In places deep, where dark things sleep,
In hollow halls beneath the fells.

For ancient king and elvish lord
There many a gleaming golden hoard
They shaped and wrought, and light they caught,
To hide in gems on hilt of sword.

On silver necklaces they strung 
The flowering stars, on crowns they hung
The dragon-fire, on twisted wire
They meshed the light of moon and sun.

Far over the Misty Mountains cold,
To dungeons deep and caverns old,
We must away, ere break of day,
To claim our long-forgotten gold.

Goblets they carved there for themselves,
And harps of gold, where no man delves
There lay they long, and many a song
Was sung unheard by men or elves.

The pines were roaring on the heights,
The wind was moaning in the night,
The fire was red, it flaming spread,
The trees like torches blazed with light.

The bells were ringing in the dale,
And men looked up with faces pale.
The dragon's ire, more fierce than fire,
Laid low their towers and houses frail.

The mountain smoked beneath the moon.
The dwarves, they heard the tramp of doom.
They fled the hall to dying fall
Beneath his feet, beneath the moon.

Far over the Misty Mountains grim,
To dungeons deep and caverns dim,
We must away, ere break of day,
To win our harps and gold from him!

The wind was on the withered heath,
But in the forest stirred no leaf:
There shadows lay be night or day,
And dark things silent crept beneath.

The wind came down from mountains cold,
And like a tide it roared and rolled.
The branches groaned, the forest moaned,
And leaves were laid upon the mould.

The wind went on from West to East;
All movement in the forest ceased.
But shrill and harsh across the marsh,
Its whistling voices were released.

The grasses hissed, their tassels bent,
The reeds were rattling—on it went.
O'er shaken pool under heavens cool, 
Where racing clouds were torn and rent.

It passed the Lonely Mountain bare,
And swept above the dragon's lair:
There black and dark lay boulders stark,
And flying smoke was in the air.

It left the world and took its flight
Over the wide seas of the night.
The moon set sale upon the gale,
And stars were fanned to leaping light.

Under the Mountain dark and tall,
The King has come unto his hall!
His foe is dead, the Worm of Dread,
And ever so his foes shall fall!

The sword is sharp, the spear is long,
The arrow swift, the Gate is strong.
The heart is bold that looks on gold;
The dwarves no more shall suffer wrong.

The dwarves of yore made mighty spells,
While hammers fell like ringing bells
In places deep, where dark things sleep,
In hollow halls beneath the fells.

On silver necklaces they strung
The light of stars, on crowns they hung
The dragon-fire, from twisted wire
The melody of harps they wrung.

The mountain throne once more is freed!
O! Wandering folk, the summons heed!
Come haste! Come haste! Across the waste!
The king of friend and kin has need.

Now call we over the mountains cold,
'Come back unto the caverns old!'
Here at the gates the king awaits,
His hands are rich with gems and gold.

The king has come unto his hall
Under the Mountain dark and tall.
The Worm of Dread is slain and dead,
And ever so our foes shall fall!

Farewell we call to hearth and hall!
Though wind may blow and rain may fall,
We must away, ere break of day
Far over the wood and mountain tall.

To Rivendell, where Elves yet dwell
In glades beneath the misty fell.
Through moor and waste we ride in haste,
And whither then we cannot tell.

With foes ahead, behind us dread,
Beneath the sky shall be our bed,
Until at last our toil be passed,
Our journey done, our errand sped.

We must away! We must away! 
We ride before the break of day! 

***
 Más allá de las Frías Montañas Nubladas

de John Ronald Reuel T. 


Más allá de las frías montañas Nubladas,
Por  profundas mazmorras y viejas cavernas,
Debemos partir, antes de que rompa el día,
A buscar nuestro oro pálido encantado.

Los enanos de antaño hicieron hechizos poderosos,
Mientras las mazas tañían como campanas,
En profundos lugares, donde seres oscuros duermen,
En salas huecas bajo las montañas.

Para el antiguo rey y señor élfico
Hay muchos tesoros de oro reluciente
Le dieron forma y lo forjaron, y luz capturaron,
Oculta en gemas en la empuñadura de la espada.

En collares de plata encadenaron
Florecientes  estrellas, en coronas colgaron
El fuego del dragón, en alambre retorcido
Tejían la luz de la luna y el sol.

Más allá de las frías montañas Nubladas,
Por  profundas mazmorras y viejas cavernas,
Debemos partir, antes de romper el día,
A reclamar nuestro oro largamente olvidado.

Cubiletes allí tallaban para sí mismos,
Y arpas de oro, donde ningún hombre se adentra
Allí permanecían por tiempo, y muchas veces una canción
Fue cantada, nunca  oída por hombres o elfos.

Los pinos rugían en las alturas,
El viento gemía en la noche,
El fuego era rojo, y llameando se extendía,
Los árboles ardían como antorchas de luz.

Las campanas tocaban en el valle,
Y los hombres contemplaron con el rostro pálido
La ira del dragón, más feroz que el fuego,
Echando abajo sus frágiles torres y casas.

La montaña humeaba bajo la luna.
Los enanos, oyeron el ruido de la fatalidad.
Escaparon de la sala hacia la caída mortal
Bajo sus pies, bajo la luna.

Más allá de las frías montañas Nubladas,
Por  profundas mazmorras y viejas cavernas,
Debemos partir, antes de romper el día,
A obtener nuestras arpas y oro de él!

El viento soplaba sobre el brezal marchito,
Pero en el bosque ninguna hoja agitó:
Donde las sombras permanecen sea noche o día,
Y las oscuros seres se deslizan silenciosos bajo ellas.

El viento bajó desde las frías montañas,
Y como una marea rugiendo y arrollando.
Las ramas gemían, el bosque lloraba,
Y las hojas se tendieron sobre el mantillo.

El viento pasó de oeste a este;
Todo movimiento en el bosque cesó.
Pero estridente y áspero a través del pantano,
Sus voces silbantes fueron liberadas.

Los pastos siseó, sus panojas dobló,
Las cañas traquetearon a su paso.
Sobre el agitado estante bajo cielos fríos,
Donde las agitadas nubes estaban rotas y rasgadas.

Atravesó  la vacía Montaña Solitaria,
Y barriendo sobre la guarida del dragón:
Allí negras y oscuras permanecían firmes las rocas,
Y el humo flotando estaba en el aire.

Dejó el mundo y siguió su vuelo
Sobre los anchos mares de la noche.
La luna se puso sobre la tempestad,
Y las estrellas desplegaron su luz saltarina.

¡Bajo la oscura y alta Montaña,
El Rey ha llegado a su salón!
Su enemigo está muerto, el Gusano de la Angustia,
¡Y así siempre sus enemigos caerán!

 La espada está afilada, la lanza es larga,
La flecha veloz, la Puerta es fuerte.
El corazón tan audaz que parece oro;
Los enanos nunca más sufrirán injusticia.

 Los enanos de antaño hicieron hechizos poderosos,
Mientras las mazas tañían como campanas,
En profundos lugares, donde seres oscuros duermen,
En salas huecas bajo las montañas.
 

En collares de plata encadenaron
Florecientes  estrellas, en coronas colgaron
El fuego del dragón, en alambre retorcido
La melodía de harpas trenzaron.

El trono de la montaña una vez más está libre!
Oh! Pueblo vagabundo, atiende a la llamada!
¡Ven aprisa! ¡Ven aprisa! ¡A través del polvo!
El rey de amigos y parientes tiene necesidad.

Ahora te convocamos a través de las frías montañas,
¡Vuelve a las antiguas cavernas!
Aquí a las puertas el rey espera,
Sus manos son ricas en gemas y oro.

 El rey ha llegado a su salón
Bajo la oscura y alta Montaña.
Gusano de la Angustia esta muerto y marchito,
¡Y así siempre nuestros enemigos caerán!

 ¡Adiós, os citamos en el hogar y el salón!
Aunque pueda el viento soplar y la lluvia pueda caer,
Debemos partir, antes de que rompa el día,
Lejos a través de bosques y altas montañas.

 Hacia Rivendel, donde todavía habitan los Elfos
En los claros ocultos por la niebla.
Cruzando páramos y baldíos cabalgamos deprisa,
Y adonde todavía no podemos revelarlo.

Con enemigos delante, detrás la angustia,
Bajo el cielo estará nuestra cama,
Hasta que por fin nuestras fatigas acaben,
Nuestro trabajo hecho, nuestro recado enviado.


¡Debemos marchar! ¡Debemos marchar!
¡Montemos antes de que rompa el día!


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