martes, 26 de febrero de 2013

Cuentos de la Crisis: El Inmueble


El Inmueble

Érase una vez (porque todo cuento que se precie de serlo comienza con "erase una vez...") una vivienda en una ciudad de un país mojado la mitad por el Atlántico y la mitad por el Mediterráneo. Ese pintoresco país sufría como muchos otros en esa época, un periodo de crisis económica, con gente sin trabajo que en ocasiones tienen que dejar sus casas para volver a la casa de sus padres, por no poder pagar la propia.

Este cuento habla de un inmueble, un piso, como ya dije antes, en ese piso vivía una señora mayor, mas el piso no era suyo, sino que estaba alquilado, debiendo, como es lógico en todo alquiler, pagar una cantidad mensualmente por el uso de esa vivienda (hasta aquí todo normal, no era el único caso de alquiler en el mundo, ni mucho menos).

He aquí que un día la señora dejó de pagar el alquiler, por lo que el propietario de la vivienda (en todo su derecho) comenzó el proceso legal para que ésta abandonara el piso y así él poder disponer de él (tal vez para alquilarlo a alguien que pagara, que las cosas estaban muy mal con la crisis y no era cuestión de ir regalando el dinero).

En esto que de repente, y sin mediar aviso, un grupo de jóvenes y no tan jóvenes se plantaron delante del edificio donde vivía la señora (recordemos, debiendo dinero a su casero) para impedir que la señora fuera desalojada de la vivienda, con pancartas y gritos y ocupando la calle (y yo me pregunto, qué culpa tendrán los vecinos de eso para tener que aguantas tal molestia)

Quiero señalar que en ningún caso ninguno de esos "solidarios manifestantes" ofreció a la señora su propia vivienda para que se quedara en ella... Pero continuemos con la historia...

Aparecieron las autoridades, por un lado las fuerzas policiales, en cumplimiento de orden judicial, para desalojar la casa, por otro, los Servicios Sociales, para ofrecerle a la señora una plaza en una residencia de la tercera edad (saltándose, dicho sea de paso, las listas de espera de varios meses e incluso, en ocasiones, más de un año, que existen si uno la solicita normalmente).

Y hasta aquí la historia de la señora...

Veamos ahora el otro lado de la moneda, el propietario del piso, un señor (o señora, no seamos discriminatorios) que debe pagar unos impuestos por una vivienda que no le reporta ningún dinero (porque no le pagan), que tal vez tiene algún familiar, acaso un hijo, desempleado (o caso él mismo sea el que acaba de perder el empleo). ¿No es cosa lógica que prefiera, ya puestos a no cobrar, dejarle el piso a su propio familiar que a un extraño?

"¡Capitalista!", le llaman, más bien le gritan, la gente arremolinada alrededor del edificio, mientras él, el propietario, recibe una atención no deseada, por hacer algo que era su derecho, defender su propiedad.

Que cada uno saque sus propias conclusiones... pero yo no puedo sino acordarme del señor o señora que espera pacientemente recibir una carta donde le aprueben su petición de una plaza en una residencia de la tercera edad (o un piso de protección oficial), viendo como otros por presión social pasan por encima de ellos, sin tener que hacer ningún trámite... esa gente, la gente que espera callada y paciente, son las verdaderas víctimas de este cuento.