martes, 7 de julio de 2009

La Última Batalla de Onostes


La Última Batalla de Onostes
(un poema épico)

La sangre de mil criaturas
impregna las laderas
de la montaña maldita
manchada por mil batallas.

Una mano que se cierra
una figura que se alza
de los campos de la Muerte
vestido de acero y sangre.

Un grito desde lo hondo
de una garganta cansada,
una espada ensangrentada
hija de cien batallas.

Un guerrero que se alza
con la corona de un rey
ahora el reino ya no importa,
sólo importa no morir.

Una canción a lo lejos,
una voz juvenil,
una joven que pasea
sin importarle a dónde ir.

Una visión del Averno,
una batalla acabada
una mirada cansada
que está a punto de morir.

Despertar en una choza,
con las heridas vendadas,
todo el sueño de una vida
muerto en una montaña.

El tiempo fue pasando
cambió espada por guadaña,
la corona por cuadras,
y su reino por ganado.

El guerrero del ayer
y el granjero del mañana,
acordémonos mejor
del amor de la muchacha.

Se sientan por las tardes
a mirar a la montaña
y ríe cuando oye
cantar sus otras hazañas.

Vencedor de cien batallas
a caído derrotado
ante una dulce figura
de largos cabellos dorados.

Aún oye hoy la historia
Del rey-guerrero Onostes
que fue llevado con los dioses
y ríe ante su propia leyenda.