lunes, 21 de abril de 2014

El Cántico del Monolito V


Cántico del Monolito
 
Dicen que aún acechan horrendos seres de antaño
    en oscuros rincones olvidados del mundo,
    y sus puertas, ciertas noches, se abren para liberar
    obscuras formas en el Infierno enjauladas.
    
Oculto en las móntañas de una Hungría Mítica
hayarás un viejo pueblo cuyas ajadas casas 
ya apenas resisten el tiempo y las leyendas,
 los mitos y las piedras, y horrores peores que la guerra.
 
Apartada, al tiempo cercana, se alza la Piedra Negra, 
oscuro Monolito, mil veces maldito por el pueblo humano,
con su piel pétrea con líneas grabadas, sin metal
y sin piedra, pulida por miles de manos al pasar sobre ella.

Miles de manos rozándola en miles de años, escribiendo
 paso a paso, sobre su negra piel de piedra,
tal vez en lenguas hace ya miles de años muertas...
tal vez sea mejor que nadie ya pueda leerlas.
 
Allí, en la oscuridad aguarda
 el negro cubil del mal, dolor
que se esparce por la tierra, herida
por su solo contacto, macillada.

!Y su sombra¡ que no te alcance su sombra al girar el día, 
a su alrededor un cerco de muerte, donde nada crece,
límpios estan sus alrededores vive en ellos,
¡Vacíos! hasta donde llega su obscuridad negra.

 (...)
Donde la arena ocultó el secreto, enterrado
su espejo negro, con el que ella,
    en la medianoche entre tinieblas veía
    formas aullantes de otras esferas.

Allí, en la oscuridad aguardan
  en el negro cubil del mal, 
el dolor se esparce por la tierra, 
herida por su solo contacto.

¡No te duermas!, no te duermas a su sombra,
pues ella es la llave y la puerta,
la llave y la puerta oscura, ¡sí!
que despierta, ¡despierta! y se abre... 

¡Se abre, se abre!, ¡ya llegan desde otro tiempo!
Ojalá pudiera cerrar la puerta,
ojalá pudiera romper la llave,
¡Se abre, la puerta! ¡la piedra negra!